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Archive for 26 enero 2012

Que tengas suerte


Que tengas suerte
si se te pasa rápido el rato de gloria
y te encuentras solo ojos cansados
y cambios de aroma.
No esperes perdón de nadie
y sé fiel a tu propia tinta
porque bien sabes
que la gente no dice nada importante
solo esperarán oír palabras insulsas.
Que tengas suerte
y seas feliz en el leve intervalo que dejan los besos,
llegará, algún día, el momento de las despedidas
cuando tan solo saques motas de polvo de los cajones
y la luz decrépita inunde tus manos.
Recordarás esas noches a oscuras
con los platos sucios en la cocina,
la guitarra en el suelo y las caricias escondidas bajo las sábanas.
Sonreirás…pero te pudrirá por dentro el recuerdo leve del placer.
Que tengas suerte
porque bien sabes que las viejas experiencias hablan solas
y se apresuran los tachones por las palabras deshechas,
te mecerás en la silla, leerás un libro viejo,
seguirás tocando -como haces ahora- sus páginas raídas con las manos blancas y dulces
y los senderos verdes se harán desfiladeros del tiempo
y la ventisca veloz de la nostalgia te devolverá la imagen de abrazos pasados.
Que tengas suerte
cuando te conviertas en carne de cañón y nunca te toque morir de envidia,
cuando hayas cumplido con tu pacto de ambiciones,
cuando no compongas más estribillos, ni mires de reojo los silencios de complicidad que compartíamos,
Que tengas suerte,
cuando sólo te queden miradas sabias,
y no quieras ver despertar otra mañana.
Decidirás que es mejor dar la pincelada definitiva
y pintarás de azul el techo de tu espalda,
te levantarás cansado, y el teléfono olvidado se desmayará en tus manos,
Y te llegarán, entonces, como una nube cargada: los reproches, el calor, los arrepentimientos.
Cruzará el cambio de alegría por tu rostro y la tristeza por fin, hará las maletas
Nunca es tarde si decides buscarme
si algún día, por remoto que sea, me echaras de menos.

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Nada llueve sobre ti

tú eres la lluvia cada día

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Estarás en algún lugar,
bebiéndote el viento
tapando con las manos los eclipses de sol.
No recuerdo aquellos años
ni las camas que se nos fueron de las manos,
pero hoy llegan a la ciudad ahuyentando el silencio.
No te pude ver aunque sé que soñabas
con las luces de escenario
que teñían tus guitarras de calor.

Estarás en algún lugar.
Yo estoy aquí, en la cima de un otoño
liquidando las cuentas que dejaste.
Mi vida se ha hecho lienzo de hilos febriles
de acabadas hojas
aun así creo que sé manejarme:
me beso con la rabia del despecho
o como quiera que se llame lo que hace la gente
para olvidar.

Estarás en algún lugar,
ajeno a estas sombras.
Siguen pasando los años, enfermos de frío
clavándose como agujas
pronunciando  incesantemente el discurso interior
que preparó mi alegría.

Tu veredicto es la noche que galopa en mi colchón,
como un veloz antílope hecho de escarcha y de polvo
balbuceando relatos de mala caligrafía
desvaneciéndose en las esquinas
pero conservando tu recuerdo.
Límpido, intachable.

 

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No vuelvas

No vuelvas
 
Yo sé que volverás pidiendo auxilio
porque siempre has sido un laberinto
y cuando estés ahogado querrás aire fresco
así que traerás un par de razones cubiertas
y sé que podré entenderte 
porque yo también tengo frío.
 
Que tu risa cae y me golpea
como tu ropa llena de tristeza
y tus ojos de león herido
que a veces rugen asustados,
es por eso que tus canciones son cerraduras
almacén de ventanas y veranos.
 
Sé que volverás a llamar a mi puerta
el día que menos me lo espere
porque querrás un alto en tu camino cansado
y los años sucios que tan mal sientan
se habrán apoderado de tus sueños de alquiler.
 
Sé que tus manos son necesarias
para que yo pueda volar 
pero también me he dado cuenta
de que son nómadas, caminantes sin descanso
que destruyen mi vida poco a poco.
 
Yo sé que la felicidad es un regalo
fugaz, inadvertido, todavía precintado
que me dieron tus botas al andar conmigo
pero tampoco olvido que se fueron corriendo.
 
Siempre hay dos partes:
no niegues ser cómplice de una
porque la peor siempre le corresponde
a quien escribe cosas como éstas.
 
Aun cuando me eches de menos,
no vuelvas
porque ya no necesitaré tus ojos paliativos
ni tu piel blanca
ni tu boca de asfalto mojado
tanto como lo necesito ahora.

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Mar

Yo sé por qué los verbos más bonitos
van a bailar a tu cuerpo
y aterrizan despistados
sobre una maleta rebosante de porqués
No sé dónde leí
acerca de lo efímero
pero no lo he comprendido
hasta conocer tus botas
de camino incansable
Sólo sé naufragar
porque desde luego,
quien dijo que en Madrid no hay mar
jamás conoció tus ojos

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Esquinas

Esquinas

No sé qué pasa en Julio que todas las calles se vuelven amarillas
porque el sol las cubre con su manto polvoriento, tocándolas y ensuciándolas,
el tiempo -nuestro viajero de siempre- se torna hacia ti cuando pasas
los veranos breves de terrazas infinitas son tus manos
y suenan con tu risa, que hoy me duele.

Sólo el tiempo que te he imaginado me costará una vida entera
tendré que vivir de alquiler en cualquier corazón de segunda mano,
de esos que se emplean para limpiar la mesa de pasados y olvidar lo que escarmienta.
Se me coló de sopetón el cielo de Aranjuez por la ventana, y nunca supe desterrarlo
sigo pasando por las tierras prometidas, por la acera de mis sueños que tanto ha presenciado
siempre que cruzo la esquina del Hotel Abba me acechan los mismos miedos:

los de entonces,
los de ahora,
los que no se han ido todavía,
los que aún palpitan
los que recuerdan demasiado
la respiración contenida de tus ojos azules
y la desazón del que sabe que se ha pasado la vida contemplando algo que nunca tuvo.

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