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Archive for 31 diciembre 2014

LO QUE SIENTO POR TI – Idea Vilariño

Lo que siento por ti es tan difícil.
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.
Lo que siento por ti. Esto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.
Lo que siento por ti, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.
Lo que siento por ti, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.

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“El buen gusto resulta ser, en definitiva, una correcta adecuación a la edad del instinto natural, que elige las afinidades, y a la elevación cultural del carácter que realiza la creación artística. Como estos factores mudan, los criterios del gusto se adaptan adecuadamente a esos cambios, si no se dejan arrastrar por las modas. Un fenómeno que, al domeñar el gusto de lo diferente, crea una adición a los patrones comunes de seguridad electiva en los artistas carentes de un sistema inmunológico de suficiencia estética. El imperio de las modas impide seguir siendo fieles a la evolución del temperamento natural y al refinamiento del carácter por la amplitud de la liberación cultural del artista”.

A.G.T

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“Me enoja que la gente critique el término ‘pequeñeces’. ¿Qué, si no, es lo que tenéis? ¿Es que acaso toda la vida (con la sola excepción del primer y el último minuto) no está hecha de ellas, y no se puede desmenuzar todo lo importante en tiras de diversas bagatelas? […] Cada una de las grandes biografías se deshacen al instante en el polvo de las partículas del tiempo”.

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CLEOPATRA


¿Dónde está?

CARMIANA


No le he visto desde ese momento.

CLEOPATRA


Ved dónde está, con quién y lo que hace; obrad como si yo no os hubiese enviado. Si le encontráis triste, decidle que bailo; si le halláis alegre, referidle que he caído súbitamente enferma. Aprisa y regresad.( Sale Alejas).

CARMIANA


Señora, me parece que, si le amáis tiernamente, no seguís buen método para conseguir de él la reciprocidad.

CLEOPATRA


¿Qué debo hacer que no haga?

CARMIANA


Ceder en todo y no contrariarle en nada.

CLEOPATRA


Me enseñas como una loca; ese fuera el camino de perderle. Con el tiempo odiamos lo que tememos.

EAE2A156F

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“Mis grandes sufrimientos en este mundo han sido los sufrimientos de Heathcliff, los he visto y sentido cada uno desde el principio. El gran pensamiento de mi vida es él. Si todo pereciera y él se salvara, yo seguiría existiendo, y si todo quedara y él desapareciera, el mundo me sería del todo extraño, no me parecería que soy parte de él. Mi amor por Linton es como el follaje de los bosques: el tiempo lo cambiará, yo ya sé que el invierno muda los árboles. Mi amor por Heathcliff se parece a las eternas rocas profundas, es fuente de escaso placer visible, pero necesario. Nelly, yo soy Heathcliff, él está siempre, siempre en mi mente. No siempre como una cosa agradable, por supuesto, no siempre me agrado a mi misma. Así pues, no hables de separación de nuevo, porque es imposible y…[…]”

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Ed io rimango…

orfeo-euridice1875-George Frederic Watts, Orpheus and Eurydice

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Le veo de espaldas, de pie, en la bañera grande del jacuzzi, iluminado parcialmente por las luces intermitentes que pasan de azul a rojo, de rojo a amarillo, y después a azul otra vez, y realizan su incesante recorrido, y colorean sus gemelos, fuertes, apretados, sosteniendo la gravedad de su peso en la habitación.

Le veo de espaldas, de pie, en la bañera grande del jacuzzi, y observo el contorno de su figura, tal como es, sin adornos: sus dos pies paralelos. Se revuelve el pelo, se aclara los restos de jabón.

Le observo de espaldas, de pie, en la bañera grande del jacuzzi, cerrar y abrir los ojos. No gira la cabeza, pero me dice: “no mires eh”. Creo estar frente a él, como si me hubiera desdoblado, y pudiera apreciarle en todas las dimensiones del espacio, y creo que si le miro de frente, sonríe, porque en realidad le encanta saber que le observo, que repaso cada pliegue de su blanquísima carne, cada lunar que forma el inmenso mapa estelar de su cuerpo.

Le observo de espaldas, de pie, en la bañera grande del jacuzzi, con los mismos pies laterales, y la tensión concentradas en sus piernas, y recuerdo aquella visita al Museo del Prado y todas aquellas esculturas marmóreas de héroes y dioses. Es más perfecto para mí. La fuerza del David de Miguel Ángel y la dulzura del Donatello. El triunfo de la belleza sutil sobre la original condición humana. Siento el deseo de su levedad, como un lienzo a penas esbozado. Ingrávida belleza.

Le observo de espaldas, de pie, en la bañera grande del jacuzzi, y una tristeza repentina se apodera de mí, justo cuando siento que mi corazón no puede quererle más, justo cuando creo que más pasión no puede caberme en el pecho. Me digo: quién mirará, como hago yo ahora, este contorno desnudo del arrebato. Sigo. Quién, como hago yo ahora, se deleitará con la imagen de su proximidad. Instante, breve momento.

Y puedo responderme. Entre la infinita cascada de mujeres, que, movidas por mil deseos fácilmente descifrables, pueden verse abocadas a desempeñar aquel simple papel en su vida. Personajes pasajeros, viajeros por un instante, de su breve momento. No me preocupan, aunque su recuerdo me haya atormentado en la imaginación incontables noches. En quien pienso es en ella, en su amiga de siempre, que como un animal asustado asomaba la cabeza entre las rejas de su vida. Y sé que ella también le contempla, ensimismada, como yo.

Sé que se deleita secretamente con su levedad, y que la dulzura de sus manos le son un regalo que siempre creyó imposible (y por cierto, que el tiempo se lo concedió). Y ciertamente sé que ha sufrido. Sé que es ella, y sé del dolor que ambos me causan. Y sé de su protección, y de cómo la quiere ¿como a mí, quizá? ¿Más?… ¿o menos?, si es que se puede medir por cantidad algo tan excelso. Como fuere, pero en la misma categoría confusa que ninguna de las dos deseamos. Quizá en otra condición, quizá de otro modo, pero no con la locura que le arrastró, hace años, en brazos de aquella otra mujer, la del cabello rizado y los ojos de almendra. Sé que la amiga, como yo, ha esperado el feliz momento de verse poseída, tocada, agitada, revuelta, removida, aplastada por el peso de su ingravidad. Tengo a esta mujer una envidia indecible. Un odio indecible. Un rencor indecible. Una cierta simpatía. Ella y yo, unidas en algún punto del mapa estelar de su cuerpo. En nuestras infinitas diferencias, somos la misma persona. Animales escondidos en una jaula, presas de su instante, de su breve momento.

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