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Archive for 31 agosto 2015

Ya perdoné errores casi imperdonables.
Trate de sustituir personas insustituibles,
de olvidar personas inolvidables.
Ya hice cosas por impulso.
Ya me decepcioné con algunas personas,
mas también yo decepcioné a alguien.
Ya abracé para proteger.
Ya me reí cuando no podía.
Ya hice amigos eternos.
Ya amé y fui amado pero también fui rechazado.
Ya fui amado y no supe amar.
Ya grité y salté de felicidad.
Ya viví de amor e hice juramentos eternos,
pero también los he roto y muchos.
Ya lloré escuchando música y viendo fotos.
Ya llamé sólo para escuchar una voz.
Ya me enamoré por una sonrisa.
Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y…
tuve miedo de perder a alguien especial
y termine perdiéndolo…
¡pero sobreviví!
¡Y todavía vivo!
No paso por la vida.
Y tú tampoco deberías sólo pasar…
¡VIVE!
Bueno es ir a la lucha con determinación
abrazar la vida y vivir con pasión.
Perder con clase y vencer con osadía,
porque el mundo pertenece a quien se atreve
y la vida es mucho más para ser insignificante.

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“Todas nuestras ideas no son sino representaciones de los objetos que nos impresionan; ¿qué es lo que puede representarnos la idea?, ¿no es tan imposible como efectos sin causa? Algunos doctores, proseguiréis, aseguran que la idea de Dios es una idea innata, y que esa idea la tienen los hombres desde el vientre de su madre. Peroesto es falso, les seguiréis diciendo; todo principio es un juicio, todo juicio es efecto de la experiencia, y la experiencia no se adquiere más que por el ejercicio de los sentidos; de donde se sigue que principios religiosos no se refieren evidentemente a nada y no son en modo alguno innatos. ¿Cómo es que se ha podido, proseguiréis, persuadir a seres razonables de que la cosa más difícil de comprender era la más esencial para ellos? Es que se les ha espantado terriblemente; es que, cuando se tiene miedo, se deja de razonar; es que, sobre todo, se les ha recomendado desconfiar de su razón, y cuando el cerebro está trastornado, se cree todo y no examina nada. La ignorancia y el miedo, les diréis todavía, ahí están los dos fundamentos de todas las religiones. La incertidumbre en que se encuentra el hombre respecto de su Dios es precisamente el motivo que le hace aferrarse a su religión. El hombre tiene miedo en las tinieblas, así en el sentido físico como en el moral; el miedo se hace habitual en él y se convierte en necesidad: creería que le faltaba algo si dejara de tener nada que esperar o que temer. Volved a continuación al tema de la utilidad de esa moral: dadles a propósito de esta gran cuestión mucha más cantidad de ejemplos que de lecciones, muchas más de pruebas que de libros, y haréis de ellos unos buenos ciudadanos, haréis de ellos buenos guerreros, buenos padres, buenos esposos; haréis de ellos unos hombres más encariñados con la libertad de su país cuanto que ninguna idea de servidumbre podrá ya nunca más presentarse a sus espíritus, que ningún terror religioso vendrá a turbar su genio”.

filotocador

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“¡Desgraciado del hombre que al iniciar una relación amorosa no cree que será eterna! ¡Desgraciado del que, incluso en el primer beso, conserva una funesta lucidez, y sabe que es posible que todo se acabe! La mujer, empujada por sus sentimientos, posee en momentos como éste algo sagrado que es absolutamente conmovedor. Ni el placer, ni la naturaleza, ni los sentidos son los que nos corrompen; lo que lo pervierte todo es precisamente aquella lucidez, aquel calcular lo que pueda suceder, aquel estar sobre aviso, a los que la sociedad y la reflexión que nace de la experiencia nos obligan. Yo amaba y respetaba mil veces más a Elleonore desde que se me entregó. Paseaba con orgullo por entre los hombres; los observaba con una mirada llena de superioridad. El simple hecho de respirar el aire se había convertido en un placer. Me dirigía a la naturaleza para darle las gracias por la inesperada felicidad, por la inmensa felicidad que se había dignado concederme”.

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Nadie más

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“Nadie más me desnudaba como tú, porque nadie me miraba como tú”.

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inside out

Magistral película de Pixar con una lección necesaria para iniciar al público más joven y educar al adulto. Una genialidad donde relucen como el oro las enseñanzas que Freud alumbró al mundo oculto del cerebro. Escenas tan mágicas como “la cárcel del subconsciente”, donde ya lo decía Bing Bong: “aquí traen a todos los que dan problemas”. Allí, los peores temores de Riley duermen, literalmente, tal y como dijo el maestro de la psicología, miedos que, al ser perturbados, despertarán sin duda, como hace el gran payaso. Y a propósito de Bing Bong, se trata de un entrañable elefante rosa cubierto de algodón de azúcar que llora caramelos, y que sabe bien que el amor, a veces, también es sacrificio. ¿Y el fantástico tren del pensamiento? Se pone en marcha cuando Riley está despierta y viaja sin rumbo ni destino, movido por el viento del azar de una Riley todavía niña. Es en el tren donde vemos otro guiño fundamental, y es que encontramos varias cajas, que si es agudo el espectador, observará que en ellas se encuentran fielmente separadas “hechos” y “sentimientos”, por supuesto, en continentes diferenciados, pero sin embargo, “opiniones” y “hechos” fácilmente se mezclan, decía el elefante, y se apresuraba a mezclar las fichas de las cajas.

El túnel por el que atajan Tristeza, Alegría y Bing Bong (foto arriba), supone toda una oda al pensamiento abstracto que Riley está comenzando a desarrollar. Conceptos como “soledad” que la niña siente aunque no sabría definir todavía. En este túnel los tres personajes se deconstruyen en diferentes fases hasta llegar a ser bidimensionales. Si pierden todas las piezas, si se abstraen hasta el final, dice Bing Bong “seremos olvidados para siempre”. Y del olvido hace cumplido ejemplo la película, con todo un arsenal de “bolas de recuerdos”, a saber -y el vital-, recuerdos esenciales, que forman la personalidad de Riley que necesita conservar para seguir siendo ella misma; recuerdos a largo plazo, los que se almacenan en la mente de Riley para siempre, y recuerdos que los dos funcionarios de turno inspeccionan cada día y borran o no dependiendo de la atención que el sujeto les proporciona. Así llega el olvido.

¡Ah! Las islas de la personalidad. Una manera estupenda de hacer ver a los niños que el dominio de sus emociones y las pasiones que les dominen forma ¡islas! nada menos. Pequeños archipiélagos de emociones que se alimentan o se derrumban como vastos edificios en ruinas, perdiendo, quizá para siempre, una parte de lo que fuimos.

¿Qué diria Platón al ver a las principales cuatro emociones de la niñez comandar desde un centro de control nuestros sentimientos? El mito del carro alado constituye el símil perfecto. La mejor enseñanza de la película, y me atrevería a decir, epicentro de la misma, es la enseñanza más importante: la tristeza también es necesaria.

tristeza

Alegría intenta desesperadamente que a Tristeza no se le ocurra coger una bola de recuerdo, pues ésta la toca la bola se torna azul, y los recuerdos de la niña parecen empañarse de una suerte de nostalgia, haciendo que Riley nunca vuelva a contemplar en sus recuerdos solo la alegría. El final de la película es una enseñanza más para Alegría que para Tristeza, además de una lección de vida para todos, adultos y niños, esta es: que la tristeza está en nosotros como la alegría, y que sin ella resultaría imposible vivir. Al final, Alegría cede los recuerdos esenciales -por fin recuperados-, a Tristeza, y estos marchan en la máquina recolectora. Ha nacido el comienzo de la madurez.

“La alegría fecunda, pero el dolor engendra” (Blake)

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Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria
del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha que
la memoria elige,
me darás esa orilla de tu vida que tu misma no tienes.
Arrojado a quietud,
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré, por vez primera, quizá,
como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo,
sin el amor, sin mí.

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