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Archive for 24 febrero 2016

Un fragmento bellísimo de “El corazón de las tinieblas”, de J. Conrad.

Lo peor que podía decirse de él era que no representaba a su clase. Era marino, pero también un ser errante, porque la mayoría de los marinos llevan, si uno puede expresarse así, una vida sedentaria. Sus mentes pertenecen al género de los que se quedan en casa, ya que su casa –el barco– va a todas partes con ellos; y lo mismo ocurre con su país, que es el mar. Un barco se parece mucho a otro, y el mar no cambia nunca. En la inmutabilidad de su entorno, se deslizan las riberas extrañas, los rostros extraños, la cambiante inmensidad de la vida, sin que estas cosas estén veladas por un sentimiento misterioso sino por una ignorancia ligeramente desdeñosa; pues no hay nada misterioso para un marino salvo el mar mismo, que es el dueño de su existencia y es tan inescrutable como el destino. Por lo demás, tras su jornada de trabajo, un paseo ocasional o una juerga ocasional en tierra bastan para revelarle el secreto de un continente entero, y por lo general descubre que el secreto no vale la pena. Las historias de los marineros poseen una vívida simplicidad, cuyo entero significado cabe en una cáscara de nuez. Pero Marlow no era un marino típico (si se exceptúa su propensión a contar historias), y para él, el significado de un episodio no estaba dentro, como una almendra, sino fuera, en la envoltura del relato, al que hacía resaltar igual que un destello hace resaltar la bruma, de un modo similar a uno de esos halos nebulosos que a veces hacen visible el brillo espectral de la luna.

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Ubi dubium ibi libertas

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“Seguramente su alma se hubiera dejado invadir ahora por el lirismo de la naturaleza que no acostumbramos a conocer más que por medio de la literatura. Pero ella sabía a dedillo lo que era el campo y el balido de las ovejas, las faenas del establo y el rodar de las carretas. Habituada a los aspectos tranquilos, buscaba los accidentados. Admiraba el mar solo por sus tempestades, y el verdor únicamente cuando se ostentaba entre ruinas. De todas las cosas necesitaba asimilar algo que le llegará al corazón, rechazando el resto como inútil; y siendo su temperamento más sentimental que artístico, buscaba emociones y no paisajes.”

Fragmento de Madame Bovary.

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Elvira Sastre

Caben en tu nombre todas las palabras

 

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Si alguien quiere escribir mi biografía

no hay nada más sencillo:

dispone de dos fechas solamente.

La del día que te conocí

y la del que te fuiste.

Entre una y otra transcurrió una vida.

Lo que ocurriera antes lo olvidé.

Lo que suceda ya, carece de importancia

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“Pero Miguel Ángel ha puesto en el sepulcro de Julio II otro Moisés, superior al histórico o tradicional. Ha elaborado el tema de las tablas quebradas y no hace que las quiebre la cólera de Moisés, sino, por el contrario, que el temor de que las tablas se quiebran apacigüe tal cólera o, cuando menos, la inhiba en el camino hacia la acción. Con ello ha integrado algo nuevo y sobrehumano en la figura de Moisés, y la enorme masa corporal y la prodigiosa musculatura de la estatua son tan sólo un medio somático de expresión del más alto rendimiento psíquico posible a un hombre, del vencimiento de las propias pasiones en beneficio de una misión a la que se ha consagrado”

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