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Archive for the ‘prosa’ Category

Hoy te hablo desde casa de Mayda. Esta carta está tomando forma de diario. Quizá lo sea.  Te escribo para hacerte saber lo absorbida que estoy por la historia de Julia y Monsier de Etange. Es la única actividad que logra abstraerme por completo del tedio. Monsier de Etange desde el primer momento se sincera con Julia y la muestra abiertamente sus sentimientos. Ella, sin poder contenerse, hace lo mismo. Monsier quiere poseer lo que no es suyo, pero le pertenece, y no satisfacer sus deseos empaña su felicidad. Julia insiste en hacerle entender que lo hermoso de su pasión es que no se ha realizado, ni se realizará nunca. La virtud que posee su amor no es otra que la inocencia. Ello le da paz a Julia, que vive cada día con inmensa dicha. A Monsier, en su turbación, le resulta insultante la cada día mayor belleza de su rostro, y la reprocha que pueda vivir feliz hechizándole con encantos sin necesidad de contentarlos. Así entran, en cada carta, en un sinfín de contradicciones que me resultan terriblemente conmovedoras. ¡Dulce Julia! ¡Cualquier mujer querría ser amada de la misma manera! Cada línea merece especial atención, y temo pasar de largo por cualquier bagatela, ¡Bagatelas! ¿De qué si no está hecha la vida? ¿No es acaso lo particular la conformación del todo?

¿Te acuerdas, a veces, un poco de mí? Temo que el olvido no tendrá piedad. Te echo tanto de menos.

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12/09/2010

“Te irás, te irás, te irás, pero mientras tanto me dueles. Estás en mi cabeza dando vueltas y me sube el sonido de tu voz por las paredes, como la altura sometida en los acantilados.
Te irás. Te irás como se mueren los violines en las estaciones. Te irás pero todavía me sigo durmiendo con el recuerdo de tu sonrisa dormida entre mis manos”

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“La infancia y la vejez se parecen. En ambos casos, por motivos diferentes, somos más bien inermes, todavía no participamos -o ya no participamos- en la vida activa y eso nos permite vivir con una sensibilidad sin esquemas, abierta. Es durante la adolescencia cuando empieza a formarse alrededor de nuestro cuerpo una coraza invisible. Se forma durante la adolescencia y sigue aumentando a lo largo de toda la edad adulta. El proceso de su crecimiento se parece un poco al de las perlas: cuanto más grande y profunda es la herida, más fuerte es la coraza que se le desarrolla alrededor. Pero después, con el paso del tiempo, como un vestido que se ha llevado demasiado, en los sitios de mayor roce empieza a desgastarse, deja ver la trama, repentinamente por un movimiento brusco se desgarra. Al principio no te das cuenta de nada, estás convencida de que la coraza todavía te envuelve por completo, hasta que un día, de pronto, ante una cuestión estúpida y sin saber por qué vuelves a encontrarte llorando como un niño.”

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“A los veintidós años, en primavera, Sumire se enamoró por primera vez. Fue un amor violento como un tornado que barre en línea recta una vasta llanura. Un amor que lo derribó todo a su paso, que lo succionó todo hacia el cielo en su torbellino, que lo descuartizó todo en un arranque de locura, que lo machacó todo por completo. Y, sin que su furia amainara un ápice, barrió el océano, arrasó sin misericordia las ruinas de Angkor Vat, calcinó con su fuego las selvas de la India repletas de manadas de desafortunados tigres y, convertido en tempestad de arena del desierto persa, sepultó alguna exótica ciudad amurallada. Fue un amor, glorioso, monumental…”

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De nuevo, cuando una mujer escribe:

 

Enamorarse es recordar que uno es exiliado, y ésta es la razón por la que la víctima no quiere que la curen, aunque grite: no puedo soportar esta no vida. No puedo soportar este desierto.

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-Juro que te comprendo. Entiendo la nostalgia de lo sucedido. Eso lo conozco como nadie, pero… ¿añorar lo que jamás ocurrió? ¿Qué debilidad es esa? Siempre estar pensando que otro camino depararía mayor felicidad, que lo que se posee es solo un aperitivo insípido, y  además… ¡ni siquiera! Porque sabemos que al aperitivo le sucede la comida, pero ¿a vosotros? ¡nada queréis más que seguir soñando! Meras locuras. Vuestra vida es una introducción, un letargo de quimeras irrealizables, ni siquiera una utopía, ni el consuelo de lo difícil, solo ansiar lo inexistente. Perseguís un ideal sin objeto

 

-Exacto, eso es.

 

– ¡Qué falta de rectitud! ¿Es que no sabéis lo que queréis?

 

-¡No! ¡somos soñadores!

 

-Pues quien mucho sueña mal duerme, y quien mucho ansía, poco recibe.

 

-¿Y vosotros, nostálgicos? Sois aún peores ¿No sabéis que no se puede volver al pasado, al menos no impunemente?

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Nada me has dado

El amor es la propia culpa y también la única redención posible. O en otras palabras, cómo curarse de lo que cura. Aprendí a esperar, porque quien ama espera, necesariamente.

Te esperé, porque te quise querer bien (no existe otro modo) y porque amar es esperar, -no me hubiera permitido ser cobarde-.  Más tarde comprendí que en realidad, no hice ningún mérito. Esperarte jamás fue una decisión. En definitiva, que me enseñaste a vivir, para matarme luego. No te lo reprocho. Te lo agradezco, porque ahora comprendo que quien te da la vida también puede arrebatártela.

Es apropiado citar la frase del famoso poeta: “nada me has dado y todo te lo debo”.

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